En octubre de 2013, Cristina Cattaneo se dio por primera vez de bruces con la muerte. Esta médico forense de 54 años, que lleva analizando cadáveres desde hace más de dos décadas, cuenta que solo en aquel momento entendió el significado de una pérdida. Acababa de fallecer su padre. Tan solo unos días después, una barcaza repleta de migrantes naufragó frente a las costas de Lampedusa.
Las imágenes de los ataúdes con decenas de cuerpos sin identificar se han convertido en parte de la triste iconografía del siglo XXI. Fueron 366 las víctimas reconocidas. Afectada todavía por la desaparición de su progenitor y afligida, como buena parte de los italianos, Cristina se propuso encontrar el nombre de aquellos muertos.
«Quería explorar en sus vidas para saber quiénes eran, cómo viajaban, qué habían dejado atrás, cuáles eran sus familias y sus historias», explica en un encuentro con corresponsales en Roma.
Foto: imagen cedida por Raffaelo Cortina
Artículo de Ismael Monzón publicado en la sección ‘Desalambre’ de eldiario.es: