Me dijeron que dejara pasar el tiempo, que todo se suavizaría, que había llegado tu hora, Dani, que la vida es así y sólo quedaba aceptar la realidad.
Y ha pasado el tiempo, ese gran desconocido.
Se ha descubierto que una mujer, después de dar a luz, conserva en su cerebro durante treinta años células vivas de su hijo; treinta años más para cuidar y proteger, treinta años más para preservar la especie. Pero, ¿qué pasa con ese amor que no entiende de cuestiones biológicas? ¿Qué pasa después? ¿Qué pasa si el tiempo se interrumpe, que pasa si la vida a preservar acaba?
El tiempo no resuelve las preguntas. Detrás de la fina capa de niebla que cubre el calendario siguen estando esas pequeñas células en el cerebro; los días tristes, las frustraciones y ese gran amor que te recuerda que no existe el olvido.
El tiempo nos da margen y espacio para sobrevivir primero e ir adaptándonos después a un proceso siempre particular que nos lleva a evolucionar a nuestro ritmo. Y quizá es en ese tránsito en el que el tiempo adquiere gran importancia dejando de ser un límite para convertirse en un infinito.
Me gustaría que quien leyera estas palabras entendiera que, a pesar del tiempo transcurrido, sigo viviendo con Dani; porque el amor es así y Dani es mi tiempo.
Te quiero Dani
Mil besos
Amparo