Por Amparo

Hace unos días hablaba con mi hermana Ana, sobre la idea de escribir a propósito de la Navidad y el duelo. Y acabé por preguntarme a mi misma, en estas fechas, en que las emociones y los recuerdos están a flor de piel, ¿qué podría contar que sirva de consuelo a las personas que han perdido a un ser querido? Honestamente, sólo me veo capaz de compartir una pequeña historia personal.

¿Qué pasaría si no viviera la Navidad? Creo que puedo responder que no pasaría nada. Pero resulta que eso es precisamente lo no quiero que pase. Me explicaré.

Aproximadamente un año antes de la muerte de Dani, mi hijo, tuve una tremenda discusión con él. Faltaban pocos días para Navidad. Soy incapaz de recordar el motivo, pero sí que al día siguiente se acercó a mí para preguntarme: «¿no vas a poner los adornos… como siempre?». Yo todavía estaba enfadada y le contesté: «¿para qué?». Me arrepentí inmediatamente. Todavía puedo escuchar el suave tono de su voz, su mirada pidiendo una reconciliación, dejando ir un tenue “lo siento” y ese amor que me sigue acompañando.

A Dani nunca le importaron mucho los adornos, pero sabía que a mi me hacía ilusión ir colocando estrellas y angelitos por todas partes. Así que esa pregunta lo cambió todo. Aquella Navidad, adornar la casa dejo de ser una costumbre que sólo me pertenecía a mí y se convirtió en una tradición que de alguna forma sigo compartiendo con él. 

Aquel encontronazo que se transformó en la mirada conciliadora de Dani, me ha permitido seguir viviendo la Navidad; me ha permitido seguir con la tradición de las luces, las estrellas y los angelitos. En cada objeto veo esa mirada y siento el amor de Dani. Y espero que año tras año siga siendo así. De la misma forma que espero que las personas que lean estas palabras puedan rescatar alguna pequeña historia que llene de amor esta Navidad.

Te quiero Dani

Mil besos


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